LA
MUJER EN LA EDAD MEDIA
Nos debatimos en esta época
entre las dos clases sociales fundamentales y la ausencia de escritos que nos
den clara idea de la situación de la mujer en ese momento ciertamente oscuro. Sólo los clérigos
y algunos nobles nos dan idea del asunto. Solo se habla de la mujer bajo las
dos perspectivas: La Virgen María que encarna la pureza y la religiosidad y Eva
encarnación de todos los males, el pecado y la tentación.
Como en épocas anteriores a
la mujer se la considera una disminuida mental que pasa de la tutela de un
hombre al sometimiento a otro, así a lo largo de toda su vida, solo la viudedad
liberaba en algunas ocasiones pudiendo entonces la mujer disponer de sus
propios bienes. En todos los aspectos de la vida la mujer es un sujeto pasivo,
así está excluida de la vida cultural, dela política y de las armas, con raras
excepciones (Leonor de Aquitania, Juana de Arco, María de Molina, y algunas
dedicadas a la vida religiosa como Hildegarda de Bringen que escribió diversos
tratados y su opinión era respetada entre los hombres o Herrada de Landsberg
con el Tratado “ El Jardín de las Delicias”). Sin embargo no fue hasta el S.
XIII cuando la nobleza femenina pudo acudir a algunas escuelas. La salud, la
educación de los hijos y las costumbres estuvieron en manos de las mujeres
Sin embargo durante esa
época la mujer si logró algunas mejoras como no ser repudiada y no existir el
divorcio, o tener que dar su consentimiento para el matrimonio, aunque
frecuentemente ese consentimiento fuera forzado dado que en general las mujeres
eran moneda de cambio. El llamado derecho de pernada, es decir el derecho del
señor feudal a gozar de los encantos de una sierva antes que su marido en su
mayoría era cambiado por un trueque económico dado que las mujeres de la plebe en aquellos momentos no eran
especialmente apetecibles para la nobleza: mal olor por falta de higiene y toda
suerte de parásitos.
A la vez que la Iglesia
exaltaba el amor cortés y el matrimonio, en el S. XIII repudiaba y perseguía la
prostitución, no fue hasta el S. XIV y XV cuando se autorizó la apertura de
Mancebías.
En el trabajo, reservado
para la clase plebeya, la mujer debe compaginar sus tareas del hogar y crianza
de hijos con las tareas del campo o cualquier actividad que realizara el
marido: esquilar, herrar, barbero, o cualquier actividad del artesano y aunque
siendo viudas podían continuar el negocio familiar no les estaba permitido
asistir a las reuniones de los gremios. Algunos que estimaban que las prendas
que elaboraban las mujeres tras hilar, tejer y coser debían ser desencantadas
antes de usarlas. Si la mujer abandonaba el ámbito familiar sin casarse su
destino sería la Iglesia si tenía dote, servir a los más nobles alimentándose
con desperdicios y vestida con harapos,
la prostitución o la mera esclavitud. Todo un panorama para las mujeres
de aquel tiempo.

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